enero 2018

El Camino del Norte en Navidades de 2017-2018 por un andaluz viviendo en Pamplona

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“Andaluz y viviendo en Pamplona.

Mi vida ha cambiado mucho en el último año, he estado viajando de aquí para allá, he trabajado en diferentes partes de la geografía nacional y he descuidado un poco la vida deportiva y el senderismo, que tanto me apasiona.

Como es común en gran parte de la sociedad actual hay momentos clave en el año que abruman a más de uno, por el trajín de preparativos que conllevan, no siendo mi caso distinto. La fechas que nos abarcan ahora son las del periodo comprendido entre el 22 de diciembre y el 6 de enero, efectivamente, Navidad. Acercándose estas fechas y, por motivos familiares, iba a ser el primer año de mi vida en que no nos íbamos a juntar toda la familia para celebrarla en casa de los padres. ¿El motivo? A mi hermano mayor, que trabaja en Francia, no le daban vacaciones.

Así, y dándole vueltas para ver qué hacia en estas fechas, uno de los planes previstos hubiera sido irme con él, ya que él no podía bajar pero yo sí podía subir; otro plan hubiera sido bajarme a casa de los padres, en Sevilla, pero claro está, si no íbamos a estar todos, ¿porqué no hacer algo distinto? Entre vueltas y vueltas tuve una conversación con un antiguo compañero de estudios y, fue esta conversación, el origen de todo:

– ¿Qué tal Ángel, como te trata la vida? Yo aún sigo en Pamplona y no sé que voy a hacer en estas vacaciones próximas, tengo varios planes en mente pero no llego a visualizarlos del todo.
– Muy bien Manu, alguna cosa que otra va saliendo, no me quejo. Pues yo he hablado con un par de amigos pero ninguno puede ausentarse de casa para Navidades. ¿Qué te parecería hacer el Camino de Santiago?
– ¡Jum! Déjame pensarlo y te digo…

Camino del Norte

Antes de colgar ya sabía que la respuesta iba a ser que sí, pero no sé, algo en mí decía que tenía que contar con la aprobación de mis padres y, más aún, tratándose de estas fechas. Por suerte hace un par de años ellos también lo hicieron, así que no tuvieron mayor reparo, al contrario, me animaron a ello.

Ya estaba todo cuajado, haríamos el Camino del Norte desde Gijón, mochila preparada y muchas ganas de comenzar.

Llegamos al aeropuerto de Asturias el 21 por la noche y, por un malentendido acabamos durmiendo en Salinas, cerca de Avilés, siendo este el punto de salida de nuestro Camino.

Los primeros días fueron fáciles, hicimos rutas muy largas y duras ya que, nuestro cuerpo, aún no notaba el desgaste. Los pensamientos aún eran de lo que dejábamos atrás: la familia, los amigos, las tareas pendientes… Las conversaciones salían fluidas y llevábamos buen ritmo. Sin embargo, nuestra idea de celebrar Nochebuena en compañía de otros peregrinos se vio truncada después de llevar varios días sin cruzarnos con ninguno y, en el albergue de esa noche, decirnos que los últimos peregrinos en pasar nos llevaban un par de días de ventaja. Estábamos en Luarca, hicimos la compra como cada día pero, en vez de descansar, nos recorrimos el pueblo en busca de gente con la que hablar; no fue fácil. Una botellita de aguardiente fue nuestra compañera, un par de cervezas el culmen de una noche tan señalada y, desde ahí, a la cama a dormir.

Camino de Santiago Norte

Dos etapas después ya entraríamos en Lugo, concretamente y después de cruzar el emocionante Puente de los Santos, en Ribadeo. En esta localidad tuve que hacer una visita al fisio, pues una sobrecarga en el tendón Fascia lata me hacía el Camino imposible. También fue la localidad dónde conocimos los primeros peregrinos, tres ciclistas gallegos que empezaban ese día. Creemos que no llegaron muy lejos pues más adelante poco se sabía de ellos, incluso supimos que continuaron solo dos… En definitiva, el Camino del Norte, y más en estas fechas, está muy poco transitado y, con los pocos peregrinos que hay, es fácil saber que ha sido de ellos gracias a las personas que nos encontramos.

Camino de Santiago Norte

El día siguiente fue, sin duda alguna, el peor de nuestro Camino. La sobrecarga iba en aumento y el perfil de la ruta no ayudaba nada. La mente en este punto se llenaba de pensamientos físicos y dolorosos, calculando exactamente con que ángulo debías poner el pie para que la molestia fuera menor y repartir el peso de la mochila y el cuerpo para que no salieran nuevas lesiones. Además, las conversaciones con mi compañero se tornaban más dificultosas y apenas hablábamos nada hasta llegar al siguiente albergue, esta vez en Lourenzá, dónde descansaríamos día y medio.

Por delante aún una etapa dura, hasta el albergue de Gontán, pasando por Mondoñedo. Desde este punto, Abadín, las etapas serían más accesibles, con menos desnivel y un firme en mejor estado. Fue también en este albergue donde conoceríamos a Ricardo, peregrino mexicano con residencia en Barcelona que empezó en Gijón casi el mismo día que nosotros. No supimos nada más de él hasta el último día del año, el 31 de diciembre en Baamonde, lugar donde celebraríamos Nochevieja, pero eso sí, tres horas antes de las uvas, pues no íbamos a modificar nuestro horario de peregrinación por estar despiertos a las doce, nos partiría en dos. Desde este pueblo y hasta la Catedral de Santiago seguiríamos los tres juntos.

Lluvia. Eso nos esperaba también. Si a Santiago llegamos el 5 de enero, desde el 31 de diciembre no dejaría de llover. Las etapas siguientes pasaron con la misma rutina que las anteriores: madrugar, desayunar, andar, llegar al siguiente destino, comprar, comer, estirar, descansar y dormir.

Camino del Norte

Seguimos sin encontrarnos a nadie hasta llegar al cruce con el camino francés, en Arzúa. De estar dos o tres personas en el albergue a pasar, fácilmente, a las veinte o treinta. De hecho, la soledad de todos los días anteriores se llegaba hasta a extrañar. De sentirte especial por ir completamente sólo, a pasar a formar parte del trasiego continuo de peregrinos con destino Santiago.

Y así fue, de Arzúa a O Pedrouzo, O Pedrouzo a Monte del Gozo y finalmente Santiago de Compostela, donde el tiempo sí nos respetó y no nos volvimos a mojar más, al menos por fuera. Llegó el momento de soltar las mochilas y dejarse llevar por los encantos de Santiago posteriores a terminar con el papeleo de la Compostelana…

¡Buen Camino! Fueron mis últimas palabras allí antes de coger el tren de nuevo a Pamplona…”

En esta ocasión nuestro colaborador es Manu McWild y está elaborando una serie completa de videos sobre sus aventuras en el Camino de Santiago. En YouTube ya tenéis disponible el trailer y la primera parte estará disponible el jueves 25 de enero a las 21.00 en el canal.

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Vídeo aquí: https://youtu.be/TaZnLUyqd94

 

Camino de Santiago

 

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Algunos datos sobre la película The Way (2010)

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“Un día, a Tom Avery, un reputado oftalmólogo estadounidense, le comunican que su hijo Daniel, con el que nunca ha tenido buenas relaciones, ha muerto en los Pirineos durante un temporal. Tom, desolado, viaja a Francia y, cuando averigua que su hijo estaba haciendo el Camino de Santiago, decide terminar la ruta en su honor”

Así comienza en resumen The Way, uno de los factores que más peregrinos ha aportado al Camino de Santiago. Es una producción en colaboración estadounidense y española. La productora es Filmax, del conocido empresario gallego, y más concretamente de A Fonsagrada en pleno Camino Primitivo, Julio Fernández.

the way

La película, que se rodó durante siete semanas a lo largo del Camino de Santiago, cuenta con el patrocinio del Xacobeo 2010 Galicia; con la colaboración de ICAA y Xunta de Galicia y con la participación de TVG.

Hay una gran mayoría que encuentran esta película inspiradora y que invita a comenzar el Camino de Santiago. Es obvio y se buscaba ese efecto ya que era una película para promocionar el Camino de Santiago en Estados Unidos y lo consiguió. Desde Galicia, y vista la gran participación institucional con patrocinio económico incluido, se considera que explota poco el paisaje y trazado del Camino de Santiago a lo largo de Galicia. Desde las escenas en el Parador de León y a través de paisajes no identificables con Galicia llegan a la Catedral de Santiago. Una pobre aportación para un patrocinio institucional gallego en exclusiva.

Aun por encima, y aunque con ciertas realidades propias del Camino, podemos considerarla una película llena de tópicos: el problema vasco, los toros, los gitanos, la semana santa, las tapas y los pinchos… y exageraciones a través de las caracterizaciones histriónicas de los personajes.

the way

Algunas curiosidades de The Way

  1. Martin Sheen originalmente sugirió a Michael Douglas o Mel Gibson para el papel principal, pero Emilio Estévez había escrito el papel del personaje principal específicamente para su padre.

  2. Hay quien quiere ver en los personajes de la película a los personajes del Mago de Oz: Los personajes Joost, Sarah y Jack representan el León Cobarde, el Hombre de Hojalata y el Espantapájaros del Mago de Oz. Cada personaje tiene algo en común con ellos. Jack se encuentra cerca de las pilas de heno y “no ha tenido un pensamiento original en días”. Sarah, el hombre de hojalata tiene el corazón roto y ha estado buscando amor la mayor parte de su vida. Joost, es grande como un león pero no tiene el coraje o la fuerza de voluntad para mantenerse saludable

  3. En una entrevista radial de LA en “The Busted Halo Show con el padre Dave”, Emilio Estévez reveló que gran parte de la inspiración que recibió para esta película fue la peregrinación idéntica que su padre Martin Sheen y su hijo Taylor Estévez hicieron unos años antes en la Camino de Santiago de Compostela en España. El hijo de Estévez, que entonces tenía 19 años, se enamoró, se mudó a España y se casó unos años después. Desde ese viaje, Martin Sheen y Emilio Estévez hablaron a menudo de cómo podrían hacer una película sobre la peregrinación hasta que surgió una idea.

  4. Filmada con un pequeño equipo de cincuenta personas y un par de cámaras.

  5. Mientras dirigía, Emilio Estévez trabajaba todos los días vestido de Daniel para poder entrar rápidamente en la escena.

  6. Después de hacer el Camino con su nieto unos años antes, Martin Sheen sugirió inicialmente que se hiciera un documental para promover la peregrinación y honrar el Camino. Sin embargo, su hijo Emilio Estévez pensó que una película comercial independiente sería una mejor forma de hacerlo.

  7. Tom (Martin Sheen) coloca montoncitos diseminados de las cenizas de su hijo en varios lugares de El Camino para indicar que su hijo está haciendo el viaje con él. Aunque es conmovedor, esto va en contra de la enseñanza católica: se permite la cremación, pero todas las cenizas de una persona deben mantenerse juntas, en un solo lugar. Dispersar o dividir las cenizas oficialmente no está permitido.

  8. La película The Way incluye escenas rodadas en el interior de la Catedral de Santiago, un hecho considerado “un milagro” en palabras del propio Martin Sheen. De hecho la escena de la entrada a la catedral de Santiago a través del Pórtico de la Gloria no estuvieron exentas de cierta polémica. En 2010 y en medio de la restauración del Pórtico de la Gloria se abrieron las puertas de acceso sin avisar a los técnicos que llevaban a cabo las mediciones ni a los restauradores del Pórtico. Por cierto, un miembro del equipo de Wayandgo trabajaba dentro del proyecto de la restauración del Pórtico de la Gloria y en este caso llevó a cabo, una vez que fueron informados a destiempo, la supervisión y vigilancia de la grabación de la película en el entorno del Pórtico de la Gloria.

the way

En Way And Go! llevamos unos meses trabajando en un producto viajero centrado en localizaciones de la película The Way y estamos recopilando información detallada sobre ello aunque resulta muy complicado ya que hay ciertas escenas que no son grabadas propiamente en el Camino Francés. Si quieres conocer esta experiencia o quieres aportar cualquier tipo de información, sugerencia o saber más sobre nosotros envíanos un correo electrónico a info@wayandgocompostela.com

¿Dónde comienza tu Camino de Santiago?

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¿Desde dónde salen los peregrinos en el Camino de Santiago?

Nos gustaría hacer una reflexión ,tomando los datos del año 2017, sobre el lugar qué escogemos los peregrinos para empezar a caminar. Es muy bonito eso de que el Camino de Santiago comienza en la puerta de tu casa pero en realidad hablamos del punto de inicio de nuestro caminar.

En el año 2017 se han expedido 301.036 Compostelas, que no es lo mismo que peregrinos, ¿verdad?. Casi la mitad, un 47,9% han elegido empezar a caminar desde algún punto de Galicia. Sarria, en el Camino Francés se lleva la palma con un 26,48% del total. De cada 4 peregrinos al menos 1 sale de un único punto de los infinitos lugares de salida con los que cuenta el Camino de Santiago. Le sigue con bastante diferencia Tui con un 6,69%, ya en el Camino Portugués.

estadisticas de peregrinos

Las 10 localidades gallegas en las que más peregrinos comienzan su Camino aportan 135.440 personas. Además de Sarria y de Tui hablamos de Ferrol, Cebreiro, Lugo, Ourense, Triacastela. Ribadeo, Vigo y Samos. Algunas localidades ya son viejas conocidas pero llama la atencion la subida de Ferrol como punto de inicio del Camino Inglés.

estadisticas de peregrinos camino de santiago

estadisticas de peregrinos del camino de Santiago

Nuestra reflexión es la siguiente, ¿qué pesa más a la hora de escoger un punto de inicio en el Camino de Santiago? ¿el Camino en que está situado? ¿La distancia hasta Santiago de Compostela? ¿O escogemos nuestro punto de inicio según los días con los que contemos para caminar?

Si quieres contactar con nosotros, que estamos situados en Santiago de Compostela, para comenzar tu aventura en el Camino de Santiago envíanos un correo electrónico a info@wayandgocompostela.com

¿Quién está enterrado en la Catedral de Santiago de Compostela?

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¿Quién está enterrado en la Catedral de Santiago de Compostela?

Como seguramente muchos sabréis es una cuestión únicamente de Fe pensar que a quien llevamos siglos y siglos venerando, visitando a través de kilómetros y kilómetros del Camino de Santiago, arrodillándonos ante lo que pensamos los restos del Apóstol Santiago… en realidad no sean los restos del Apóstol Santiago. Lo habréis escuchado alguna vez, ¿no?

Saint James Tomb

Dicen algunos estudiosos que en realidad el Apóstol Santiago nunca evangelizó en España, o que en caso de haber estado en España fue con poco éxito (incluso hay leyendas como la de la aparición de la Virgen en Muxía por ejemplo que indica que ante la raza tan bárbara que habitaba la zona el Apóstol necesitó de ayuda divina… es decir, que éramos complicados de evangelizar) y se volvió a Palestina donde fue decapitado en el año 42 o 47 (dependiendo de las fuentes)

Sus discípulos cargaron con el cuerpo del Apóstol Santiago en un barco que partió del puerto de Jaffa sin rumbo ni timón y que casualmente llegaron a Galicia, después de diferentes avatares contados también a través de leyendas: el caballero que emergió del mar sobre conchas de vieiras, el pedrón de Padrón, la Reina Lupa y los bueyes, las caídas de los puentes en Pontemaceira y Pontenafonso, …

Dicen algunos estudiosos que el primer mártir de la religión cristiana (martirizado por cristianos), Prisciliano, fue decapitado en el año 385 en Treveris, Alemania. Prisciliano, gallego, fue obispo de Ávila y fundo una especie de comuna asceta que permitía ciertas libertades religiosas, de igualdad sexual y de culto a la naturaleza… que gustaban bien poco a muchos y entre ellos al Emperador Teodosio, que fue quien ordenó su ejecución.

Coincidentemente sus discípulos también trajeron sus restos hasta la zona de Iria Flavia, de donde se le supone, siguiendo una ruta que fue ampliamente repetida por los peregrinos que llegaban a Compostela.

A los restos que hay enterrados en la Catedral de Santiago de Compostela se le realiza un estudio forense a finales del siglo XIX que determina que quien se haya en la urna de plata con alma de madera son tres varones del siglo l. Y así queda según dicen con una bula papal de Excomunión a quien ose abrir la urna. Se ha especulado con hacerle nuevas pruebas, como la del Carbono 14 pero la Iglesia siempre se ha negado.

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Nosotros no nos ponemos ni a favor de unos ni de otros. Creemos que el Camino de Santiago es una Ruta que ya no sólo se realiza por Fe, pero que quien la haga con sentido cristiano seguirá realizándola con la ayuda del Apóstol.

¿qué opinas tú? ¿Quién está enterrado en la Catedral de Santiago de Compostela? Si se demostrase que no está enterrado el Apóstol Santiago, ¿seguirías haciendo el Camino de Santiago?

Camino de Santiago portugués en primera persona

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Hola Ferly, ¿qué tal? Han pasado años, ¿no? Te quiero contar lo que ha sucedido con mi vida desde aquel primero de enero de 2013… Uff cómo pasa el tiempo, cómo pasa. Escúchame, solo escúchame, por favor. Tengo cosas interesantes que contarte y, aunque seguro, seguro, ya las sabes, me place y me tranquiliza que sea yo quien te las cuente.

credencial Camino de Santiago

Esto, aunque parezca absurdo, fue una conversación, más bien un monólogo, que sostuve con mi amigo Ferly durante un lapso de casi dos horas, en medio de una oscuridad casi total, a las 5 a.m., en el trayecto entre O Porriño y Redondela, en la fría y lluviosa Galicia, España, durante mi Camino de Santiago de Compostela. Es absurdo, porque Ferly murió hace 15 años, frente a mis ojos, víctima de una “bala perdida” que encontró alojo en su cabeza, de 18 años para ese entonces. Absurdo, porque le temo a los muertos, incluso a él.

―”El camino de Santiago no son los kilómetros que recorras, son los que vivas. Éste te sorprenderá,  deja que lo haga, déjate sorprender…” ―Estas palabras me las dijo y repitió Rafa, mi amigo del alma, éste sí del mundo de los vivos. Un español de ojos azul profundo, barba abundante y una maravillosa ce, entre dientes al pronunciar la tercera y la última letra de nuestro alfabeto. Cuánta razón tenía.

Todo empezó un 24 de diciembre, después de soñarlo, planearlo, informarme y prepararme, cuando salí de casa con una mochila de 6.5 kilos cargada con el contenido que diferentes tutoriales en internet me habían informado, ni más, ni menos; tal vez un poco más. Dos cambios de ropa, zapatos para “trekking”, muchas bufandas, muchos gorros, chubasquero, artículos de aseo, provisiones para el frío, un mapa de “El Camino de Santiago de Compostela, tramo portugués” y otros tantos objetos más, eso sí, que no sobrepasaran la estricta norma de seguridad que afirma: máximo el “10% de tu peso”. El vuelo fue largo: Medellín, Bogotá, Barcelona, Madrid, 16 horas en las que le conté mi futura hazaña, a cuanto desafortunado interlocutor le correspondiera sentarse a mi lado.

Llegué a Madrid y mi amigo Rafa estaba allí, en el aeropuerto, además inmenso, esperándome. Después de un largo y fuerte abrazo, nos sentamos, comimos churro con chocolate espeso, para mí la más maravillosa combinación gastronómica española, y mientras disfrutábamos de aquella delicia, me daba recomendaciones de experiencias adquiridas por él durante las seis veces, una de ellas por mí, que ha recorrido los caminos de Santiago, que son más de 40. Rafa me llevó al tren y, allí, con otro interminable abrazo nos dijimos: hasta pronto. El recorrido, que duró ocho horas, fue desde Chamartín, en Madrid hasta Guillarei, en Galicia. Al llegar, tomé mi mapa y salí en búsqueda de la Catedral Santa María de Tui, lugar en donde inicia el Camino Portugués.

Después de una hora, llegué a la Catedral, una imponente edificación estilo gótico, a reclamar, o más bien comprar, la credencial (el pasaporte que me daría acceso a los albergues y a la preciada Compostela). Allí, quien supongo sacristán, un hombre de estatura media, blanco, de ojos azules enmarcados por unas pronunciadas ojeras, me dijo, sin ni siquiera darme la oportunidad de saludar:

―Peregrino!.

―Sí, sí, pero, ¿cómo lo sabe? ―pregunté.

Él señaló mi poco discreta mochila, con una bolsa para dormir enrollada en la parte superior y ahí todo cobró sentido.

―Sí, vengo por mi credencial ―exclamé.

―Son dos eurillos ―me dijo, mientras ponía fuertemente en mi credencial el que sería el primero de muchos sellos. Pagué y abrí la puerta, no sin antes escuchar aquellas dulces palabras que un peregrino novato como yo quería oír:

―Buen camino, peregrino ―exclamó, sin gritar, aquel hombre parco y frío.

―Gracias ―respondí, sin saber si era lo correcto, tal vez amén, o, no sé.

Al salir de aquella Catedral, con mi gran mochila y credencial-pasaporte, me sentía especial, único, hasta un poco vanidoso, iniciaba mi camino.

Apareció la primera flecha amarilla, mi primera flecha amarilla, allí, a una esquina de la catedral, tímida, descolorida, casi imperceptible. A esta flecha le siguieron otra y otra y otra más, llevándome por autovías, senderos, montañas, pueblos, riachuelos y toda suerte de sorpresas interminables. Las flechas podían aparecer en árboles, paredes, losas, mojones (bloques de cemento); siempre tenía que estar atento para no salirme de la ruta y perderme.

Los pasos se volvían metros y los metros kilómetros, y, aunque los paisajes, los monólogos y la meta hacían olvidar por momentos lo que faltaba para terminar, los mojones, cada cierto tiempo, se encargaban de recordármelo: 119 kilómetros, 115,  110… la soledad y, tal vez el miedo a mí mismo y ese otro miedo que confesé al iniciar este escrito, me llevaban no solo a conversar con seres del más allá, sino conmigo, mi más firme compañía. Ahí el camino era más llevadero.

Las noches eran aquellos momentos de descanso no solo del cuerpo sino de la soledad. Pequeños albergues dispuestos con lo básico: una cama, sábanas desechables, baños y a veces wifi, estaban dispuestos para la llegada de los agotados peregrinos.

―Buenas noches peregrino, necesito tu documento de identidad, credencial y seis eurillos ―afirmaba el conserje de uno de los albergues, el primero, el de O Porriño. Había una tendencia generalizada a poner en diminutivo aquella moneda que, para nosotros los colombianos resulta tan costosa para conseguir, los eurillos.

―La hora máxima de entrada es a las 9 p.m. so pena de quedarse afuera. Está prohibido beber alcohol, fumar y otras cosillas más en el albergue ―vuelve y juegan los diminutivos.

Todo este “check in” terminaba con un gran matasellos, muy parecido al de los oficiales de migración, con el que dejaba constancia en mi credencial-pasaporte, de mi paso por allí.

No solo los albergues ponían su sello en la credencial, cualquier lugar que visitaba durante el camino certificaba, con un sello, el paso mío por la ruta establecida, única manera como en la Catedral de Santiago de Compostela verificarían la auténtica peregrinación, a pie, del peregrino, para luego entregar el certificado mayor, la Compostela. Panadería Paso a Nivel, Chóles Churrasquería, Cafetería Luya, Bar Timonel y Café-Bar Rianxeira son solo algunos de los certificantes de mi peregrinar hacia Santiago.

Mi camino, de 119 kilómetros, tuvo varias sorpresas, de principio a fin, de aquellas que me hablaba mi querido amigo Rafa, sorpresas buenas, sorpresas no tan buenas, pero sorpresas, al fin y al cabo.

En O Porriño, primera etapa después de Tui, conocí a Antonio, un hombre corpulento, de unos 50 años, proveniente de Portugal y miembro del ejército de ese país. Él, con un buen y lento español me acompaño durante la etapa siguiente, la más dura, Redondela y Pontevedra. En total fueron 33 kilómetros a los cuales mi rodilla izquierda les cobró factura. Al llegar a Pontevedra, el albergue estaba cerrado, ¿el motivo? pocas personas hacen el camino, como yo, en invierno. Antonio decidió buscar cobijo en la iglesia del peregrino, y yo, cada vez más adolorido, “percnoté” en el primer hotel que encontré.

Al día siguiente el dolor fue peor, por lo que decidí darme de baja por ese día y brindarle la oportunidad de recuperarse a mi rodilla. Así fue, el descanso y las medicinas recomendadas por una boticaria que, de paso estampó su sello en mi credencial-pasaporte, me permitieron continuar mi camino, ahora sin Antonio. La meta siguiente, Caldas de Reis trajo a una pareja de novios, brasileros, vivos, felices y sonrientes. Con ellos caminé muy poco porque, la verdad, quería continuar por mi cuenta, con mis miedos y mis conversaciones.

En el albergue de Caldas de Reis conocí a cuatro jovencitos, inquietos, preguntones que estaban haciendo el camino en otra de sus modalidades: en bicicleta. Ellos, provenientes de Vigo, me preguntaron por James Rodríguez, por Pablo Escobar por el proceso de paz en Colombia, además de preguntarme, también, si era verdad que en Colombia odiábamos a los españoles. Yo, por mi parte, les cuestioné acerca del independentismo catalán, la pertinencia de la monarquía en pleno siglo XXI  y sus proyectos futuros. Sus respuestas, más que sorprendentes:

―España es una sola, pero si ellos (Cataluña) quieren separarse, que lo hagan, pero en paz ―dijo uno.

―El rey nos representa mundialmente, como un canciller, consigue relaciones y dinero. Eso está bien, solo que nuestros padres no deberían subsidiar el armario de la reina ―respondió otro.

―Quiero ser abogado, yo periodista, yo aún no se ―respondieron finalmente.

En el camino desde Caldas de Reis hasta Padrón conocí a Marcos y a su novia Zaida, viajeros, amigos del camino y altruistas de la Fundación Tus Castillos en el Aire dedicada a la educación, la infancia, la pedagogía y el desarrollo de la creatividad. Marcos me enseñó acerca del camino, la política y, la vida. Con él aprendí, por ejemplo, que en los años 80 solo caminaban a Santiago alrededor de 80 personas y que hoy son cerca de 300 mil; que la concha de vieira es el símbolo del peregrino y le identifica como tal, que el Camino de Santiago fue declarado patrimonio cultural de la humanidad en 1993, que peregrino es el que camina hacia la tumba de Jacobo (Santiago), romero el que va a Roma y palmero el que va a Jerusalén. Zaida, atenta, escuchaba sus historias y mis preguntas, opinando de vez en cuando, pero siempre pendiente de que todo estuviera bien.

En Padrón, asistimos a una parte de la misa de conmemoración del traslado del cuerpo de Santiago a Compostela, hecho en el que, cuenta la historia, siete discípulos del apóstol trasladaron su cuerpo desde el puerto de Iria Flavia (actual Padrón) hasta la ciudad de Compostela, huyendo de la Reina Lupa, pagana, quien les perseguía acusándolos de soberbia. Lupa, después de algunas manifestaciones milagrosas y “atónita ante tales episodios, se rindió a los varones y se convirtió al cristianismo, mandó derribar todos los lugares de culto celta y cedió su palacio particular para enterrar al Apóstol. Hoy se erige en su lugar la catedral de Santiago”. (www.vivecamino.com).

Después de una larga noche sin conciliar el sueño debido a una peregrina que hablaba dormida, otro que se saboreaba y otro más que estornudó sin parar, o tal vez no por su culpa sino debido a mi cansancio o a la ansiedad de llegar a tierras santiagueñas, emprendimos camino Marcos, Zaida y yo, hacia el último y anhelado tramo: Santiago de Compostela.

Los mojones, finalmente, mostraban números esperanzadores, 10 kilómetros, 7, 6, 5…la meta estaba cada vez más cerca y, con ella, el dolor de mi rodilla más intenso. La lluvia, el granizo y el viento no tuvieron compasión de nosotros en los últimos cinco kilómetros antes de nuestra llegada a Santiago, sin embargo, les enfrentamos y continuamos nuestro camino. Al vislumbrar la Catedral de Santiago de Compostela, según la leyenda, la morada de los restos del Apóstol Santiago, el dolor y el cansancio fueron opacados por la necesidad de correr hacia la entrada de aquel templo santo, abriéndome espacio entre la multitud de turistas que esperaban recibir, allí, el año nuevo. Se veía uno que otro peregrino por ahí, entre ellos una italiana que conocimos en un bar-café en Padrón. Ella decidió hacer su último tramo en bus, esquivando la lluvia, el granizo y el viento.

―No tiene mérito, no caminó todo el tiempo, tomó un bus ―le dije a Marcos en voz baja.

―Alejo, disfruta de tu camino, de tus 119 kilómetros de tus experiencias, de tus superaciones, de tus recuerdos. Ella llegó más rápido, seca, menos cansada, pero con menos camino. ¿quién lleva la delantera? ―me replicó Marcos.

Fui corriendo, tanto como me lo permitía mi rodilla izquierda, a buscar la bendición y la Compostela. Cuando entré a la Catedral estaba finalizando la eucaristía, y, aunque no fue tal y como lo soñé: un rito especial de bienvenida dedicado a quienes tanto habíamos caminado para llegar allí, la bendición con el botafumeiro (quizás el mayor incensario del mundo, encendido como un homenaje de la ciudad de Santiago al peregrino) o la lectura en público de los nombres y procedencias de los peregrinos; sentí mi llegada más que especial, al reconocerme un peregrino consagrado por el camino, que como me lo dijeron Rafa y Marcos, es más que los kilómetros recorridos. El asistente del párroco me entregó la Compostela, que, con un texto en latín, oficializaba mi peregrinar.

A Marcos y a Zaida no los vi más, a Antonio tampoco. A los novios brasileños los encontré, cuando estaba caminando cojo, por Santiago, orgulloso, con mi Compostela, feliz, mojado, cansado, con hambre, pero con el alma plena, satisfecha por el camino recorrido, que fue más que 119 kilómetros, fue encuentros, experiencias, miedos, recuerdos, lágrimas, superación, fue vida.

El autor de este texto tan especial es Alejo Cano y es Comunicador Social-Periodista, Candidato a Magíster en Gestión Cultural. Coordinador de Cultura de la Universidad de Antioquia, Medellín-Colombia. Si quieres saber más de su historia o seguirlo en Redes Sociales aquí te dejamos su contacto. Muchas gracias Alejo y Buen Camino!

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Alejo Cano

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