El síndrome del Camino de Santiago es «una alteración del comportamiento que podría ser diagnosticada como cualquier otra; un trastorno que es peculiar de un tipo de personas en unas condiciones de vida que tienen que ver con el caminar; eso es lo específico».

Camino de santiago

Esta enfermedad mental ha sido acuñada por los especialistas del Servicio de Psiquiatría y de Atención al Paciente del Complejo Asistencial de Burgos, Maite Álvarez y Jesús de la Gándara, tras estudiar durante siete años a algunos de los peregrinos que cada año pasan por Burgos y que se vieron necesitados de. De la Gándara hizo públicas las conclusiones, en el año 2007 en el Congreso de Psiquiatría que se celebraba justamente en Santiago de Compostela, de un estudio que ha durado siete años y que le ha llevado a definir el que ha bautizado como síndrome del Camino. Él y su equipo desecharon primero a los vagabundos que transitan por la vía jacobea y sólo buscan en ella la cama y la comida, y poco a poco fueron depurando una lista de 38 peregrinos que en el ecuador del Camino Francés ya no pudieron dar un paso más y quedaron hospitalizados en su centro, agrupando a aquellos que desarrollaban un comportamiento “anómalo, peculiar, muy extraño”.

La muestra resultante fue de 38 personas que sufrían alucinaciones, delirios o paranoias. El perfil del peregrino afectado por el síndrome es el de un varón (en el 70% de los casos) de unos 40 años y casi nunca extranjero (pese a que los foráneos representan el 50% de los caminantes), que la mitad de las veces cuenta con antecedentes psiquiátricos, o estrés o problemas de adaptación. La incidencia de este trastorno no es alta. Han comprobado, sin embargo, que este fenómeno no sólo se detecta en Burgos, sino en centros sanitarios de todo el Camino. Pero en los hospitales de Compostela apenas se recuerdan casos. Aquí suelen llegar los más fuertes, los que han superado “la criba” de la ruta, explica Mario Páramo, presidente de la Asociación Gallega de Psiquiatría.

Los “propensos” a sufrir trastornos caen antes como consecuencia del cansancio; de la dureza del viaje bajo el sol, la lluvia o la nieve; del cambio radical de actividad; de la convivencia con desconocidos en el albergue o de la soledad total de la senda; de los paisajes que se suceden desde el amanecer hasta la puesta del sol; o de los monumentos y la vertiente espiritual del peregrinaje.

peregrino sarria

Según De la Gándara, ninguno era agresivo, pero todos habían experimentado una metamorfosis en su personalidad durante el viaje, hacían imposible su convivencia en el albergue y habían ingresado con “descompensaciones agudas, desórdenes graves de comportamiento, alucinaciones, fatiga, misticismo, delirios y síntomas maníacos”. Además, todos se habían repuesto con una breve estancia en el hospital, de en torno a diez días.

Las razones que aducen los propios peregrinos para su transformación van desde las llagas de los pies, el insomnio, el tempo pausado del caminar, hasta el encuentro con la belleza de los lugares o el arte que salpica el periplo. Todo ello, junto con el abandono de posibles tratamientos, problemas de estrés y adaptación, el desorden de vida, e incluso la convivencia estrecha con personas desconocidas, actúa como desencadenante de episodios emocionales e hipersensitivos extremos. El resultado puede ser una crisis de ansiedad o la alucinación sorpresiva.